sábado, 12 de abril de 2014

Tres menos cuartillos



¿Qué hago para cambiar el hábito de gastar más de los que produzco? 



De pequeño escuchaba decir -si te alquilas vivirás siempre tres menos cuartillo- es decir, sin ni uno, ¡ya verás que nunca da! Es cierto, más ahora que se complica detrás del desempleo generalizado, los bajos ingresos y agregando la realidad publicitaria que crea muchas necesidades. Es más, hasta la presión social hace difícil, por no decir imposible responder la pregunta ¿Cómo frenar hábitos de consumo que parten de la comparación y necesariamente me llevan a gastar más de lo que produzco?

Sin tratar de responder mejor compartiré esto;

Se trata de dos clientes que llegan a mí con características tan similares que no entendía como podrían estar  tan diferentes a nivel económico, si trabajan y ganan lo mismo desde hace prácticamente el mismo tiempo.  Lo que observé y les comparto, es que sus recompensas formaron hábitos, y en consecuencia resultados distintos.

Llamémosle cliente (A) y (B).

Cliente (A)

Aunque no parece a simple vista por su apariencia económicamente sólida, es una vida dura la que lleva A, se queja de vivir tres menos cuartillos por: Las tarjetas, el carro y como sabes todo lo inoportuno se presenta de una forma maravillosa y cuando menos se le necesita…  Ósea el carro da palos justo cuando pagó la tarjeta, o simplemente ya hay que pagar el colegio de los muchachos… la verdad es difícil. 

Las circunstancias para este trabajador son extenuantes. El sueldo no da, los impuestos, óyeme es un lio… cualquiera no sabe qué hacer.

“Nunca tanto”

Claro tampoco es para cogerle pena, el tiene las recompensas que eligió. Proyecta solidez económica a los demás aunque su realidad íntima sea otra cosa.  Muchos que le observan desde afuera se preguntarán ¿y Cuál es la queja?;  Se ha casado varias veces,  es esplendido con los amigos, siempre a la vanguardia con todos los gadged electrónicos, exhibe un teléfono inteligente de ultima generación, un buen carro, sale de compras, asiste a casi todos los conciertos. Su recompensa: ROMPEOJO. Este es su hábito innegociable…

Cliente (B)

Aunque no parece a simple vista por su apariencia, B no se queja de estar tres menos cuartillos ganando lo mismo que A. Tiene apartamentos en venta, alquilados y propios…  “inversiones” dice él. Estas inversiones son frutos de tropiezos. Siempre experimentado  formas de inversión, bolsa de valores, prestamos, importaciones. Se planifica, toma riesgos y explora sus posibilidades. Unos negocios le han salido muy bien, otros no. Sus recompensas son dos: Primero, generar un ingreso extraordinario al que percibe como empleado. Segundo, generar conciencia de dónde va a salir el próximo dinero para invertir o comprar.

Las circunstancia de este cliente son “básicas” el sueldo le da, no se queja. Pero… ¿tampoco vive?  Depende.
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“Nunca tanto”

B toma recesos anuales y semanales. Este año me cuenta que con toda la familia toca un crucero, es más el fin de semana va para un concierto. La diferencia es que B comunica las realidades económicas a su familia, los involucra y establece límites. Les invita a elegir el concierto, la película que van a ver cuando ya el dinero está en sus manos. Para no caer en el absurdo de alimentar una fantasía que muchas veces nos traiciona llevándonos a una emotividad que genera ansiedad y luego una toma de decisión impulsiva y no funcional de acuerdo al bienestar financiero de la familia.  Ya  el dinero del viaje  se lo gano y el del fin de semana que viene… Será suerte, una bendición o una buena toma de conciencia que no le llenas los ojos a nadie y no sienta presión social por ello?

El hábito es inconsciente y como tal responde a un estado de bienestar fijado por la recompensa anhelada.

En mi caso, cambiaría la pregunta del inicio ¿Cómo cambio el hábito de gastar más de lo que se produzco?  Por ¿Qué recompensas me forman el habito de gastar más?
 

Les dejo tarea 

Gracias! por recorrer este camino conmigo.